Cuestiones de Sociología, nº 15, e019, 2016. ISSN 2346-8904
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Departamento de Sociología

ARTICULO/ARTICLE

 

 

El sistema nacional de economía política (1840) para una nueva Argentina (1940). Friedrich List en Alejandro E. Bunge


Diego Gastón Araya
Universidad Nacional de La Plata
diegogastonaraya@gmail.com

 

Cita sugerida: Araya, D. G. (2016). El sistema nacional de economía política (1840) para una nueva Argentina (1940). Friedrich List en Alejandro E. Bunge. Cuestiones de Sociología, 15, e019. Recuperado de http://www.cuestionessociologia.fahce.unlp.edu.ar/article/view/CSe019



Resumen
El objetivo de esteartículo consiste en tratar la influencia de las principales ideas de Friedrich List, importante economista alemán de principiosdel siglo XIX,muchas veces soslayadoen el mapa de los grandes discursos de la economía política. Veremos puntualmente cómo esas ideas tendrían un importante ascendente sobre la perspectiva socioeconómica del ingeniero argentino Alejandro Ernesto Bunge.En efecto, List se constituye en pionero de una cosmovisión económica y social, que repercute decisivamente en Bunge, muy probablementea causa de la formación universitaria de éste en Alemania.
Lo planteado no obsta a la influencia de las ideas de una diversidad de autores de los que se pudo haber nutrido Bunge en su extensa y versátil trayectoria, y en sus diversas incumbencias y publicaciones. No se busca aquí formular una aserción excluyente ni determinista.Simplemente, pretendemos echar luz sobre la aseveración que acerca de la influencia listianamuchas investigaciones sobre Bunge hacen sin darnos mayores precisiones.A efectos de no exceder los límites de este trabajo, abordaremos la obra más paradigmática de cada uno de estos dos autores en examen, tratando de avizorar, a través de una indagación interpretativa de sus discursos, aquellos ejes que a nuestro juicio los conectan palmariamente.

Palabras clave: Sociología; Política; Economía; Industria

The national system of political economy (1840) for a new Argentina (1940).Friedrich List in Alejandro E. Bunge


Abstract
The aim of this article is to address the influence of the main ideas of Friedrich List, an important German economist from the beginning of the 19th century who was eluded many times in the context of the great speeches of political economy. We will see specifically how List’s ideas could have an influence over the socioeconomic perspective of Alejandro Ernesto Bunge, an Argentinean engineer. Indeed, List is a pioneer of a social and economic world view which decisively impacts on Bunge, probably due to Bunge’s university education in Germany.
The raised issue does not hinder the influence of ideas from other authors from which Bunge could have drawn on during his long and versatile work career and through his various competences and publications. This article does not intend to make an exclusive nor a deterministic assertion. We merely intend to shed light on the assertions that many researches on Bunge do about List’s influence without providing many details. In order not to exceed the limits of this study, we will deal with the most paradigmatic work from each of the abovementioned authors and we will try to consider the core ideas that clearly connect the authors by means of an interpretative inquiry of their speeches.

Keywords: Sociology; Policy; Economy; Industry



Introducción

El economista alemán Friedrich List publica Sistema nacional de economía política un siglo antes (1840) de que el ingeniero argentino Alejandro Ernesto Bunge publicara Una nueva Argentina(1940). Sin embargo, parecieran haber apreciado circunstancias semejantes, y haberlas valorado según una cosmovisión social también semejante, a pesar de las diferentes épocas y ubicaciones geográficas en que escribieron. Más que gráfica resulta la expresión de Bunge: “Nos encontramos en un momento económico semejante al de la época del economista List en Alemania y al de los Estados Unidos hace cuarenta años” (Bunge, 1984, p. 251).

Y decimos cosmovisión social, porque precisamente, no se trata de dos teóricos de la economía en sentido estricto, sino que ven a la economía como una ciencia social con múltiples imbricaciones con las otras ciencias sociales y con la realidad humana históricamente situada a la que se refiere. Por ello, creemos que subyace en ambos autores algo más que un conjunto de máximas económicas formuladas in abstracto a la manera de la teoría clásica, sino que más bien parecen partir de un verdadero modelo de sociedad, que en la recíproca implicación de diferentes características llevan a un modelo de desarrollo social concreto. Por esa razón, List es sindicado como uno de los iniciadores de la escuela histórica alemana, por oponer su método particularista histórico a la abstracción de la escuela clásica inglesa.

Por otro lado, no resulta anecdótico señalar preliminarmente algunas similitudes biográficas entre estos dos economistas. Bunge, al igual que List, era un economista esencialmente orientado a la praxis, es decir, a pesar de su indudable capacidad intelectual, buscaba volcar sus conocimientos sobre la realidad social tratando de actuar e incidir en ella.Por lo tanto, podemos decir que ninguno de nuestros dos autores tenía un perfil intelectual de tipo meramente académico o de “docto de gabinete”. Su conocimiento era eminentemente práctico, y en razón de ello, abogaban por la implementación de sus propuestas, incluso convirtiéndose en verdaderos publicistas o lobistas de sus propias ideas.

Ambos se desempeñaron en cargos relacionados con la gestión pública pero también empresarial, eran actores de una realidad que al mismo tiempo trataban de explicar,mientras operaban sobre ella desde una convicción patriótica comprometida. El enclave en el que se evidencia la evocación de los planteos de Listpor parte de Bunge es en la cuestión del modelo económico-social y la miradade recelo sobre el accionar comercial expansivo de Gran Bretaña.

Desde luego, valga la salvedad, todo intelectual a lo largo de su formación y de las etapas de su vida constituye un mosaico de influencias heterogéneas. Es fuerte en la formación de Bunge la impronta del catolicismo, por ejemplo. Sin embargo, el Bunge economista, a grandes rasgos, se mantiene en la cosmovisión listiana y piensa la economía partiendo desde lo nacional, con los aportes que a esa visión hayan hecho los economistas de la escuela histórica o los de autores norteamericanos como SimonPatten (este último citado con frecuencia por el ingeniero argentino). Dicho sea de paso, Patten pese a la profundización del análisis listiano parte del mismo principio:

Los librecambistas sostienen que el comercio basado en las ventajas relativas de las diferentes naciones siempre es valioso y conduce a la prosperidad de ambas naciones. Proteccionista sería desalentar estos intercambios y fomentar la producción nacional, pensando que la prosperidad nacional puede ser realizada sólo por el mejor uso de todos los recursos nacionales junto con el máximo desarrollo de las cualidades industriales del pueblo (Patten, 2003, p. 37).1

Se afinca en los autores bajo tratamiento, en definitiva, una tercera vía entre la teoría económica inglesa predominante y la de tipo socialista-marxista.

Haremosen la primera parte unsomero repaso biográfico de estos dos autores en análisis, para luego explicar aquellos ejes temáticos en los que, según nuestra hipótesis, Bunge se vio influido por el ideario de List. Aun a riesgo de resultar insistentes con las citas textuales, creemos que puede resultar para nuestro planteo, un recurso expositivo idóneo para establecer un genuinodiálogo entre ambos autores y demostrar sus lazos conceptuales más contundentes.En esa inteligencia, es que tomaremos la obra más importante de cada uno respectivamente: Sistema nacional de economía política (1840) y Una nueva Argentina (1940).

No obstante, será necesario antes de pasar a nuestro análisis concreto sobre los textos, hacer algunas referencias introductorias a los efectos de comprender qué es lo que se critica o con qué otra concepción antagoniza la postura que sostienen nuestros dos autores y sus respectivos contextos.

Para ello, primeramente debemos tener en cuenta el clima de ideas predominante contra el que escribe List. El pensamiento económico de fines de siglo XVIII y principios del XIX, se haya signado por la impronta de la escuela clásica de la economía, cuyo exponente estelar es Adam Smith, quien publica, en 1776, una de sus obras fundamentales: La riqueza de las naciones.

Ahora bien, a pesar del título de la obra, en la propuesta teóricade Smith precisamente la idea de nación no cumple ningún papel. Y no sólo eso, el término nación es empleado allí con un sentido vago y ambiguo, que puede interpretarse como un territorio, una comunidad, una sociedad o pueblo; en cualquier caso irrelevante para su sistema teórico.

Smith presumiblemente pretendía impugnar el mercantilismo de los siglos XVI, XVII y principios del XVIII, un sistema más bien pragmático, de acumulación de metales preciosos, en el que la iniciativa estatal en cabeza de las monarquías absolutas cumplía un rol activo, preponderante y monopólico. Probablemente la necesidad de expresar ruptura con el viejo régimen lo obligaba, al menos desde un punto de vista teórico, a eludir la incidencia estatal en la economía. Hobsbawm resume muy bien el planteo de Smith, afirmando que:

La teoría económica, por lo tanto, se elaboró exclusivamente basándose en unidades empresa individuales –personas o compañías–, que racionalmente maximizaban sus ganancias y minimizaban sus pérdidas en un mercado que no tenía ninguna extensión espacial específica. El límite era, no podía por menos de serlo, el mercado mundial (Hobsbawm, 1992, p. 35).

Y añade más adelante:

En términos de la política, esto significaba la creencia de que sólo la asignación de recursos por medio del mercado, era óptima, y que por medio esta operación los intereses de los individuos producirían automáticamente los intereses del conjunto: en la medida en que en la teoría hubiera espacio para un concepto como los intereses de toda la comunidad (1992, p. 36).

Sin embargo, pese a las presunciones que podamos hacer sobre las intenciones de Smith, es bastante ostensible que este planteo teórico entraba en colisión con lo que se observaba en el desenvolvimiento empírico concreto de la economía mundial, en el que los estados nacionales más poderosos intervenían activamente en la economía. Y aunque Hobsbawm se limita a atribuir esta gravísima omisión a que “a los economistas liberales tan sólo no gustaban de hablar de ella [la nación], o no sabían cómo hablar de ella”, como veremos,List insinuará que la intención era muy probablemente menos inocente.

List escribe en un contexto histórico en el que Alemania se encontraba rezagada económicamente respecto de la industrialización que había catapultado a Inglaterra como potencia comercial. Otro fenómeno característico de esta época alemana consiste en que el ascenso de la burguesía se encontraba obturado por el enorme poder de los terratenientes, losJunkers. Esta Alemania, se encontraba además dividida en treinta y nueve estados, mayormente monárquicos, que se mostraban permeables a las influencias de diferentes potencias y rivalizaban entre sí. Brue y Randy resumen muy bien la situación en la que nace la escuela histórica alemana:

La Alemania que le dio vida a la escuela histórica estaba dividida, era débil y sobre todo agrícola. En estas condiciones, a mediados del siglo XIX, estaba muy atrás de Inglaterra en el desarrollo de la industria. Entonces sus economistas razonaron que era necesaria la ayuda del gobierno para ponerse al día. El nacionalismo, el patriotismo, el militarismo, el paternalismo, la devoción al deber y el trabajo arduo y la masiva intervención del gobierno eran los elementos para cambiar el patrón y promover el crecimiento industrial” (Brue y Randy, 2009, p. 194).

Alejandro Ernesto Bunge es enviado por su padre a estudiar ingeniería a Alemania en el 1900. Para ese entonces muchos de los planteos económicos de List y de la escuela histórica habían sido llevados adelante por Bismarck a partir de la consolidación del Segundo Reich. Si bien el célebre canciller dimite aproximadamente una década antes de la llegada de Bunge, éste ya puede observar una Alemania en plena industrialización y con una legislación social de vanguardia en relación a la clase trabajadora.

En esta época, a diferencia de lo que había ocurrido con su precursor, los miembros de la escuela histórica hegemonizaban lugares en el mundo académico gracias a sus excelentes relaciones con funcionarios del gobierno y al liderazgo que en este sentido adquiría Gustav Schmoller. El difunto List había dejado de ser aquella solitaria voz disidente, perseguida y proscripta para pasar a ser un prócer intelectual de la corriente de pensamiento económico predominante.Schmoller se consideraba un discípulo de aquél, y a su vez influyó en el pensamiento de nada menos que de Max Weber (según el mismo Weber reconocía).

Ya de regreso en la Argentina, y tras casi una década de trabajo en la administración pública, Bunge funda en 1918 la Revista de Economía Argentina. Es una fecha clave, si se tiene en cuenta que poco después finalizaría la Primera Guerra Mundial y se comenzarían a palpar los efectos locales y regionales de la postguerra. Ante esta situación Bunge presentaría su posición, constituyéndose en pionero del pensamiento industrial argentino. Resulta gráfica la definición de Blanco y Cerra:

Su formación intelectual lo conduce a cuestionar las políticas asumidas por el estado argentino, firme partidario del librecambio y de las ideas ricardianas que sustentaban la División Internacional del Trabajo. La creencia en un orden económico natural que adjudicaba a nuestro país un rol subordinado como exportador de bienes primarios limitaba cualquier intento proteccionista. Las iniciativas industrialistas, eran tildadas –alternativamente– de innecesarias, utópicas o simplemente antieconómicas (Blanco y Cerra, 1999, p. 5).

La opción por la industrialización, observada por Bunge en la Alemania de principios de siglo XX en el clima de ideas de la escuela histórica, se convertía entonces en una alternativa plausible para los incipientes desajustes de la economía argentina. De esta manera Bunge daría nacimiento a una importante corriente de pensamiento económico en el país, que tendría un crecimiento y ciertas ramificaciones acaso insospechadas por el propio autor.

Es en este marco, en esta línea de trabajo, que esta indagación procura comparar dos grandes personalidades de la historia del discurso económico a través de sus dos grandes obras;sin perjuicio de situar a cada una en su tiempo y en su contexto, veremos cómo se encuentran fuertemente conectadas según creemos, a pesar de la distancia temporal de un siglo entre ambas.

List y Bunge. Filiaciones y diferencias biográficas

List nació en Reutlingen, al sur de Alemania, en agosto de 1789. Desde joven, debido su poco interés por el negocio de su padre, comienza a trabajar en el municipio de Blaubeuren, muy cerca de su lugar de nacimiento. Allí es donde empieza a tener contacto con la Administración, asciende en la burocracia y luego complementa ello con estudios universitarios. Comienza a dar clases en una flamante cátedra de práctica estatal, en la Facultad de Ciencias Políticas de Tubinga. Paralelamente funda un diario para difundir sus ideas, por entonces liberales.

Sin embargo, estas actividades son abandonadas por List, para convertirse en asesor de una asociación de comerciantes y fabricantes de Frankfurt, cuya conformación había sido recomendada por el propio List. Así comienza su experiencia con la vida real del comercio, experiencia que lo lleva a fundarun segundo diario.

Tras trabajar al frente de la asociación varios años, en 1820 es elegido diputado. Desde su banca criticó duramente la ineficiencia burocrática y reclamó la autonomía administrativa, cuestiones que llevaron a que sea enjuiciado, condenado y apresado.

Finalmente es expatriado y viaja a Nueva York. Allí participará del debate del momento:la cuestión delproteccionismo, y se manifestará contundentemente a favor de ese sistema. Es fundamental esta toma de contacto con la llamada Escuela Americana de Economía Política deAlexander Hamilton, Daniel Raymon y Mathew Carey. Es en este momento, cuando se convierte explícitamente en un promotordel proteccionismo,a través de una serie de artículos reunidos bajo el nombre de Lineamientos de la economía política americana2, financiados por Charles Ingersoll, un representante de la Sociedad de Fomento de la Industria de Filadelfia (fundada por a fines del siglo XVIII por Alexander Hamilton).Esta instancia es de tal importancia, que muchos autores ven en List a la persona que lleva las ideas hamiltonianas al nivel de una verdadera construcción teórica.

En contraposición con la idea étnico-cultural de nación sustentada por autores alemanes como Herder, probablemente List haya tomado una idea de nación más política como es la de Hamilton, sintetizada por Manuel Pastor Martínez:

(…) Alexander Hamilton representa los orígenes más genuinos del nacionalismo político contemporáneo, un nacionalismo liberal, integrador, multifacético y multicultural –aunque no “multiculturalista”–, que tiene como fundamento una sociedad civil burguesa, pluralista y emprendedora, con una orientación económica comercial, industrial y financiera (Pastor Martínez, 2005, p. 50).

En efecto, la repercusión de laspublicaciones de List le otorga tal prestigio en Estados Unidos, que es nombrado cónsul con destino a Alemania.

No obstante, al no ser reconocido por el gobierno alemán como cónsul, tiempo después, se mudaa Francia, donde se ocupará de otro de sus grandes temas: el de los ferrocarriles.De alguna manera, anticipa a través de sus publicaciones la relevancia que adquirirían. Ya había tenido experiencia en la materia asesorando en la construcción de una línea ferroviaria entre Dresde y Leipzig.

En su vuelta a Alemania, en 1840 publica su obra más madura e importante, la cual concita el interés de este trabajo: Sistema nacional de economía política. El proteccionismo a que adhiere en esta obra se ve complementado posteriormente por la redacción de la Hoja de la Unión Aduanera Alemana fundada en 1843.

Debemos notar, sin embargo, que List escribe la mayor parte de su vida en un clima de época fuertemente adverso a sus ideas, en la cual el predominio absoluto lo ostentaba la escuela de la economía clásica liberal. Ante sus dificultades económicas, y probablemente al ver que sus ideas no eran implementadas a pesar del subdesarrollo en que se encontraba Alemania respecto de Gran Bretaña,en 1846 Listse quita la vida.

Nacido en 1880, en Buenos Aires, Alejandro Ernesto Bunge pertenecía a una familia también alemana, emparentada con la rama belga, que fundaría una multinacional cerealera de intensa actividad en la Argentina: Bunge & Born. Fue su abuelo el que emigró para labrarse un porvenir y pudo alcanzar el éxito económico, lo que en buena medida logró actuando como comerciante.

El padre de Alejandro Bunge fue un importante jurista liberal, bastante crítico de la Iglesia, que llegó a ser miembro de la Corte Suprema de Justicia. En cambio, Alejandro Bunge,se vio impregnadodesde adolescente por los valores de la educación católica jesuita. Sin embargo, esta tendencia a alejarse de una cosmovisión liberal, se consolida, como dijimos, durante su formación universitaria en Alemania, en Hainichen,donde se gradúa de ingeniero electrotécnico en la TenischeHoschschule en 1903.

Es categórico a este respecto, lo señalado por Hernán González Bollo: “El plan de estudio de las carreras universitarias alemanas permite filiar en Bunge el ascendiente intelectual del pensamiento económico de Friedrich List (1789-1846)” (González Bollo, 2004, p. 38). En esta instancia, es cuando Bunge toma contacto con las ideas historicistas alemanas, que daban, además, un lugar muy importante a las estadísticas. Como bien señala González Bollo, y nos interesa recalcar, la metodología de la escuela historicista se oponía a la abstracción deductiva y formalista de la escuela económica liberal inglesa y de la austríaca. Fueron exponentes de la escuela histórica y el llamado socialismo de cátedra, personalidades como Gustav Schmoller, Ernst Engel, Adolph Wagner, Werner Sombart y Max Weber, entre otros, siendo Bunge probablemente uno de los primeros lectores de este último (González Bollo, 2012, p. 136).

Ya en la Argentina, en 1913 Bunge al igual que Listaccede a la docencia universitaria, en la Universidad de Buenos Aires. Para ambos la docencia era una actividad lateral, ninguno de los dos pretendió convertirse en investigador o teórico referente de la academia.

Bunge ingresa a trabajar como funcionario en la Dirección Nacional de Estadística, dependiente del Departamento Nacional del Trabajo, al tiempo que participa de la militancia católica en los Círculos de Obreros Católicos. Trabaja también como consultor, no sólo de funcionarios políticos sino también con clientes del sector privado.

Realizó numerosas publicaciones, entre las que se destacan las de la Revista de Economía Argentina y la obra capital que nos convoca: Una nueva Argentina. A diferencia de List, cabe destacar, como explica Diego Pereyra, que Bunge escribe en un clima de época no tan desfavorable para sus ideas, en la quede hecho había cobrado vigor la heterodoxia económica, pues ante el avance de la Revolución Rusa,en el mundo angloamericano se comenzaría a gestar una corriente de pensamiento que desembocaría en la escuela keynesiana, como una reformulación no marxista del rol del estado y la economía (Pereyra, 2010).A escasos tres años de la publicación de Una nueva Argentina, Bunge fallece, en el año 1943.

Debemos señalar otra importante diferencia biográfica, a pesar de la similitud de los planteos llevados adelante por ambos autores, y de las semejanzas de sus perfiles profesionales, que nos llevan a pensar con fundamento en Bunge como un discípulo de List, a nivel de la personalidad, se trata de dos temperamentos marcadamente distintos. List era un contestatario, tenía una personalidad explosiva y desplegaba acciones ciertamente activistas, lo cual le generó numerosos conflictos con el poder político de su época. Bunge, en cambio, era un hombre más moderado y pese a ser un crítico firme, mantenía excelentes relaciones con las elites, asesoraba a políticos y a empresas, incluso a empresas extranjeras (Lucchini, Blanco y Cerra, 2000).

Crítica al liberalismo económico. La idea de nación

En sus comienzos, List adhirió a la teoría económica clásica. Pero a lo largo de su trayectoria profesional y de su experiencia en cuestiones de comercio, se vuelve crítico de la teoría económica imperanteen su época.

Según List, fue Quesnay quien concibió la idea de la libertad universal del comercio. En esa línea de pensamiento se había basado Adam Smith, proyectando el individuo a la Humanidad, sin tener en cuenta la entidad del estado-nación como intermediario en esa relación. Por este defecto, la teoría liberal será denominada cosmopolita por List, y llamaba despectivamente “la escuela” a sus seguidores (denominación que proviene de la escuela aristotélica, caracterizada por el supuesto seguimiento acrítico de los discípulos a las ideas del maestro). La cuestión, entonces, no es meramente técnico-económica, sino filosófica: subyace una crítica letal a la cosmovisión liberal.

A ese enfoquecosmopolita,abstracto y deductivo,del liberalismo, List opondrá un enfoque histórico inductivo que pondrá de relieve la nación en el sentido político-estatal con el que la había concebido Alexander Hamilton. Es desde esta perspectivaque abordará la economía política.

Quedan bien diferenciados, dos modelos antagónicos, cada uno de los cuales se justifica en una teoría propia y una lógica diferente: el cosmopolita y el nacional.

En paralelo a esa crítica cuasiontológica, List hará una segunda distinción, esta vez sí estrictamente de teoría económica, pero que tiene correlato con la primera distinción. Diferenciará entrevalores de cambioyfuerzas productivas. La visión cosmopolita liberal, para List, no ha tenido en cuenta a las fuerzas productivas que actúan en una nación, ya que ha realizado toda su teoría solamente sobre la cuestión de los valores de cambio. En esta línea de razonamiento, explica:

Así como la sociedad humana debe ser considerada desde dos puntos de vista: el cosmopolita, que abraza a todo el género humano, y el político, que se circunscribe a los intereses nacionales, toda economía, la de los particulares como la de la sociedad, debe ser considerada desde estos dos aspectos principales: en relación a las fuerzas individuales, sociales y materiales por medio de las cuales se produce la riqueza, y en relación al valor de cambio de los bienes materiales.

Hay, por consiguiente, una economía cosmopolita y una economía política, una teoría de los valores cambiables y una teoría de las fuerzas productivas; doctrinas esencialmente distintas y llamadas a desarrollarse por separado (List, 1955, p.13).

Más adelante, en referencia a la escuela clásica, sentenciará:

(…) no es más que una teoría de los valores, una teoría del comerciante, pero no una teoría de cómo se despiertan, aumentan, conservan y defienden las fuerzas productivas de toda una nación en provecho de su civilización, su bienestar, su poderío, su continuidad y su independencia (List, 1955, p. 283).

List atribuye esta confusión de los liberales a que son hombres de teoría, que desconocen la praxis económica y las circunstancias sociales y políticas en que ella opera. Alejandro Bunge también es un hombre de acción, y hace propiasestas ideas listianas, enunciando concordantemente la siguiente convicción:“Bien sabemos todos que las normas de política económica se fundan sólo por excepción sobre bases abstractas; surgen de la vida misma, de los hechos siempre diferenciados.” (Bunge, 1984, p. 245).

Más allá de esta importante disquisición, la crítica de List al liberalismo se concretiza empíricamente respecto de la problemática del comercio internacional y el principio liberal del librecambio. Si bien, ambos autores,no niegan a priorien forma absoluta el principio de libre comercio,lo que sostiene List (y es compartido por Bunge) es que el libre comercio sólo es posible cuando las naciones partes poseen un poderío y un nivel de industrialización equivalente o semejante.

Cuando ello no ocurre, la relación comercial libre se vuelve asimétrica, y por lo tanto, perjudicial para la nación más débil, la cual se vuelve dependiente de las manufacturas de la industrializada; pierdepoder de negociación para valorizar sus materias primas, que a su vez compiten con las de la propia compradora y las de otros países agricultores.

La dependencia de los países exportadores de materias primas en relación con las potencias manufactureras se vuelve especialmente gravosa en los períodos de guerra o crisis económica, en los que las potencias industriales se tornan más proteccionistas y las naciones pastoriles ven depreciadas sus ventas y se ven desabastecidas de manufacturas.

Esta lógica planteada por List, es usada por Bunge para analizar la situación argentina luego de la Primera Guerra Mundial, de ahí su insistencia por proteger y estimular la producción manufacturera del país propendiendo a su diversificación. En consecuencia, la relación de dependencia económica sólo puede ser quebrada a través de un sistema protector que coadyuve a la configuración de un sistema manufacturero propio.Bunge describe irónicamente la situación argentina al desatarse la Primera Guerra Mundial: “(…) al faltarnos la obra tutelar y de fomento de los astros económicos, nos encontramos como huérfanos”(Bunge, 1984, p. 269). El ingeniero argentino llamará entonces a practicar una política que diversifique la propia producción del país y active su propio comercio, sobre todo respecto de muchos artículos que según su diagnóstico se introducen innecesariamente del exterior.

Listva un poco más allá; llega a sospechar que detrás de la teoría cosmopolita de Adam Smith se oculta una estrategia inglesa para debilitar a las demás naciones, en tanto Inglaterra, realiza en la práctica todo lo contrario a lo que aquella propugna. Pero lo indigna, sobre todo, que economistas nacionales de los países perjudicadosadhieran igualmente a la teoría liberal. Así, reflexionaba acerca de este punto que roza lo cultural:

(…) una nación cuyo litoral pertenece al comercio extranjero más que al suyo propioestá dividida tanto económica como políticamente. Es más, no puede existir una situación más molesta para una nación, sea en uno o en otro aspecto, que la de ver que sus plazas marítimas simpatizan más vivamente con el extranjero que con ella misma (List, 1955, p. 162).3

En sentido semejante, Bunge criticará a los seguidores locales de la teoría liberal, afirmando que:

Los que sostienen doctrinas internacionalistas en nuestro país suelen simpatizar también con la producción uniforme y simple y con el libre cambio y resultan, como los cosmopolitas y los extranjeros, colaboradores de la política de los Estados astros (Bunge, 1984, p. 250).

La Buenos Aires en la que escribe Bunge, es precisamente una plaza marítima en la que se cocina el pensamiento liberal de espaldas al país de tierra adentro, y acaso ello, si tenemos en cuenta la reflexión listiana, haya hecho de la Argentina un país dividido económica, política y culturalmente. O para ponerlo en términos de nuestro ingeniero: un paísabanico.

Analiza Bunge, que en el pasado la Argentina tuvo períodos de fuerte ingreso de divisas provenientes de la exportación agraria, pero pronto ellas no alcanzaron para pagar las manufacturas que se importaban. Y ello, tal como pensaba List, se debía sin duda a que la riqueza no es tan importante como el poder de crear riqueza. Ese poder de generar riqueza, ese potencial, sólo puede ser producto de la industria.

Están llamadas a ser potencias, aquellas naciones que generen riqueza a partir de fuerzas productivas manufactureras propias, y no las que simplemente exporten materias primas y acumulen eventualmente valores, ya que éste último tipo de riqueza resulta voluble ante los vaivenes del comercio internacional y las medidas de los países ya industrializados. Ésta es la idea de desarrollo nacional en la que se basará Bunge para impugnar las convicciones fisiocráticas de la vieja elite vernácula argentina.

De esta manera, es patente para nuestrosdos autores, la obsolescencia de la teoría de los valores de Smith en la praxis socioeconómica. Es necesario y fundamental que la economía política se rija por una teoría de las fuerzas productivas,para poder eficazmente operar sobre la realidad, dando impulso al desarrollo genuino de una nación.

En su crítica a la perspectiva liberal, List ve entoncesla idea de nación como intermediaria necesaria entre el individuo y el género humano. Pero esa nación tendrá sustrato material a partir del combustible que significará su desarrollo industrial. No basta su preservación territorialbasada en la defensa exterior y la seguridad interior propias de la mentalidad burocrática y militar de la nobleza alemana de ese entonces. List pone en alerta que se requiere, para la consolidación nacional, también de un bienestar material que le permitaser pujantey de un enriquecimiento intelectual y cultural de sus ciudadanos considerados colectivamente. Ello sólo puede ser logrado mediante un proceso de industrialización.

La claveestá, para este autor,en la asociación de las fuerzas productivas de la nación, pero a partir de una fuerte unidad espiritual que asegure una continuidad generacional. En este sentido,y tras hacer un repaso de la historia económica de los países más importantes de Europa en el Libro Primero de la obra bajo análisis, explica claramente:

Con la ayuda de la Historia hemos probado que la unidad nacional es la condición esencial de una prosperidad duradera; hemos demostrado cómo sólo allí donde el interés privado se ha subordinado al interés público y donde una serie de generaciones ha perseguido uno y el mismo fin, los pueblos han llegado a un desarrollo armónico de sus fuerzas productivas, que sin los esfuerzos colectivos de los individuos de una misma generación, así como de sucesivas generaciones con vista a un fin común, la industria particular no podría florecer(List,1955, p. 145).

Una conciencia nacionalque nuclee a las fuerzas productivas, resulta así indispensable para el desarrollo sostenible de la industria, y ésta, a su vez, es combustible primordial de la unidad nacional. Bunge, también destaca esto repetidas veces en su obra, buscando la unidad nacional de la Argentina en los valores morales y espirituales cristianos, y en el encausamiento económico del país a través de su industrialización.

Si bien muestra su pesar cuando diagnostica la gran heterogeneidad y desigualdad socioeconómica entre las diferentes regiones argentinas, cree que se puede unificar el país con la implementación de una política de integración productiva y comercial entre las diferentes provincias. Es decir, que de alguna manera busca concretar la teoría de List sobre asociación de fuerzas productivas a través de la división nacional del trabajo.

Sin embargo, el proceso de asociación de fuerzas productivasno puede ser visto en forma aislada, sino entremezclado y en interdependenciacon una serie de otros elementos humanos, culturales y morales, que garantizan el desarrollo generalizado de una nación. Esos elementos dan fuerza vital al potencial productivo y lo consolidan.

Podemos advertir que el autor no despliega una mera teoría económica, sino que subyace en su planteo una profunda visión social y cultural de la economía política. Una de las definiciones que aporta al respecto, resulta bastante contundente:

(…) entre el individuo y el género humano existe la nación, con su lengua particular y su literatura, con su origen y su historia propios, con sus costumbres y sus hábitos, sus leyes y sus instituciones, con sus pretensiones a la existencia, a la independencia, al progreso, a la permanencia y con su territorio bien distinto (…) (List, 1955, p.153).

Con esta concepciónevidentemente muy internalizada,Bunge declama:

Un pueblo que no es sensible a su propio medio, que se siente atraído por el exterior, que llega hasta menospreciar lo propio, es un pueblo sin la fuerza interna para crear su cultura propia, su arte propio, su propia industria. Es un pueblo sin alma, sin el sentimiento de la interdependencia de todas sus partes, sin conciencia de los intereses de la región, ni de los intereses comunes a la propia sociedad. Es un pueblo en el que anida fácilmente el menosprecio recíproco entre los hombres y el menosprecio de los intereses colectivos.(Bunge, 1984, p. 263).

Ahora bien, al analizar casos concretos de naciones, se pueden identificar cierto tipo de condiciones que hacen más propicia a una nación para que pueda convertirse en manufacturera. Desde un punto de vista geo-demográfico, Friedrich List formula algunascondiciones naturales mínimas para que una nación pueda aspirar a progresar hacia la industrialización:

Una población numerosa y un territorio vasto y provisto de variados recursos son elementos esenciales de una nacionalidad normal y las condiciones fundamentales, tanto de la cultura moral como del desarrollo material y la potencia política (List, 1955, p. 154).4

Según estos prerrequisitos, Argentina cumpliría cabalmente con la cuestión geográfica, por la extensión de su territorio y variedad de sus recursos naturales. Sin embargo, no ocurre lo mismo con la cuestión poblacional, y es esta falencia la que desvelará a Bunge. Por esa razón, se encargará derealizar un arduo trabajo estadístico para dar cuenta del estancamiento que observa en el crecimiento demográfico del país, que, según sus proyecciones, podría generar el envejecimiento y hasta el decrecimiento poblacional. Resulta un objetivo político primordial y urgente entonces, revertir esa tendencia. No hay industria sin abundante mano de obra y un robusto mercado interno de consumidores.

El rol del estado y la industrialización

Para List la teoría clásica liberal quita del escenario al poder público, “excluye casi en absoluto de su seno la política y la administración pública” (List, 1955, p.281). Desde la perspectiva de nuestros dos autores, evidentemente la industria no se genera espontáneamente, ni desde la iniciativa puramente privada. Las fuerzas productivas de la nación deben ser protegidas, ordenadas y fomentadasdesde arriba. Y para ello ambos apuntan a una alianza entre la burguesía y el poder político.

El ente político encargado de realizar este objetivo es, sin duda, el estado. Ha de ser éste, el vector organizante de las fuerzas productivas, el que las proteja en la medida que fuera necesario, del embate del poder manufacturero externo y el que propicie el propio. Al contrario de lo sostenido por Smith, queda para nuestros autores altamente justificada la intervención estatal en la economía. Cae, en consecuencia, la validez del principio liberal del laissez faire, laissez passer.

Ya que el desarrollo manufacturero es sinónimo de independencia económica, el estado tiene no sólo la facultad sino el deber de garantizar y propulsar ese desarrollo. Bunge adherirá a esto, expresando:

(…) Es indiscutible este otro hecho: el país no está capacitado para defender la producción nacional por medio de la iniciativa privada. Si la acción es indispensable y no puede esperarse que surja espontáneamente de la iniciativa privada, es evidente que debe esperársela del Estado. Debe éste intervenir(Bunge, 1984, p. 244).

Esta intervención no ha de darse sólo en el orden interno, de acuerdo a una lógica meramente protectoria, sino que el estado está llamado a cumplir un rol activo y estratégico a nivel del comercio exterior y la penetración en otros mercados. De ello dependerá lo que List llama la potencia políticade un estado, la cual ejemplificará con el caso inglés:

Por el Acta de Navegación, Inglaterra ha adquirido la potencia política, y por la potencia política se ha colocado en condiciones de extender su supremacía manufacturera sobre todos los pueblos” (List, 1955, p.161).

La acción política estatal se sitúa, de esta manera, para el ideario de ambos autores, a la vanguardia de la economía, y propicia las condiciones de la prosperidad.

Ahora bien, cabe destacar la importancia en sí de la idea de industria como motor de esa prosperidad. Tal como afirma List al criticar la teoría clásica, la riqueza de una nación puede ser resultado de una situación contingente, en cambio, el poder de crear riqueza es lo que diferencia a una nación industrializada, y “es infinitamente más importante que la riqueza misma”(List, 1955, p.123). Por ello, la industrialización es la máxima aspiración de Bunge para la Argentina: que el país se modernice, incentivando y organizando sus fuerzas productivas para orientarse definitivamente a convertirse en un país manufacturero. A propósito, profetizará Bunge:

Debemos convencernos de que esta es la última generación de importadores y estancieros. En la próxima generación, la de nuestros hijos, el predominio será de los granjeros y los industriales. De los hombres de la gran industria, de la industria media, de los artesanos, de los obreros manuales (Bunge, 1984, 264).

List formula fases evolutivas del desarrollo económico de los pueblos: estado salvaje, estado pastoril, estado agrícola, estado agrícola y manufacturero, y la más evolucionada:estado agrícola, manufacturero y comercial.La conjunción denota que la industria no crece en desmedro de la agricultura:

La agricultura y la industria manufacturera, reunidas en el mismo pueblo, bajo la misma autoridad política, viven en una paz perpetua; no son turbadas en su acción recíproca ni por la guerra, ni por las medidas del extranjero; garantizan, por consiguiente, a la nación el desarrollo incesante de su prosperidad, de su civilización y de su poderío (List, 1955, p. 14).

Esa acción recíproca, según señala el economista alemán, hace que se eleven la renta y el valor de las tierras por la demanda interna de mayor variedad de productos agrarios necesarios para la elaboración manufacturera. Así, los productores rurales también se ven beneficiados por el sistema protector que incentiva la producción industrial.Esta reiterada aclaración en la obra de List, va dirigida al sector agrario, que suele operar como un actor que resiste la industrialización por miedo a perder compradores internacionales o sufrir restricciones sobre sus exportaciones.

Bunge también adhiere a este enfoque, se muestra partidario de la industrialización del paíssin descuidar el perfeccionamiento de la agricultura y la ganadería.Asimismo, pareciera tomar muy en cuenta las fases evolutivas de la economía de las nacionesformuladas por List.

Por ello, cuando hace el análisis histórico de la economía argentina, no condena que ésta se haya beneficiado en gran magnitud de la exportación de materias primas en épocas pasadas, evidentemente se encontraba por entonces en un estado agrícola.

Sin tratar de poner enconflicto retrospectivamente aquel tiempo, lo que Bunge reclama, es que están ahora dadas las condiciones para el paso a las fases superiores. Es capital en su obra,el instar a la elite a que lleve a la nacióna los estadios más avanzados de la evolución económica a través de la industrialización.Evidentemente observa estadísticamente que el país tiene ciertas condiciones para ello. Muchas de ellas, se encuentran en la siguiente formulacióndeList, cuando dice:

Los pueblos que poseen en la zona templada un territorio vasto y provisto de variados recursos renunciarían a una de las fuentes más abundantes de prosperidad, civilización y poderío si no se esforzasen en realizar la división nacional del trabajo y la cooperación nacional de las fuerzas productivas tan pronto como adquieran condiciones económicas, morales y sociales para ello.

Por condiciones económicas entendemos una agricultura suficientemente adelantada y que no puede ser ya sensiblemente estimulada por la exportación de sus productos; por condiciones morales, una gran cultura en sus individuos; por condiciones sociales, por último, entendemos leyes que garantizan al ciudadano seguridad para su persona y sus bienes y libre ejercicio de sus facultades morales y físicas, instituciones que regulan y facilitan el comercio, al mismo tiempo que la supresión de aquellas que oprimen a la industria, la libertad, la inteligencia y la moralidad: la supresión de las instituciones feudales, por ejemplo(List, 1955, p. 14).

Evidentemente, cuando Bunge diagnostica la situación de nuestro país, encuentra la mayoría de estas condiciones económicas, morales y sociales. Es decir, Argentina posee para él una agricultura suficientemente avanzada, un nivel de alfabetismo y cultura urbana comparable con el de las potencias, y por último, ve en la Constitución Nacional la garantía de la seguridad de las personas y sus bienes, y por ende,del ejercicio del comercio y el emprendimiento manufacturero. Por ello, se quejará diciendo:

En el orden económico seguimos aspirando, como antaño, a una expansión progresiva de los cereales y de la carne como única posibilidad de crecimiento económico, y, sin embargo, estamos ya en plena evolución hacia la producción diversa y compleja y hacia la manufactura, lo que reclama una política económica muy distinta (Bunge, 1984, p. 266).

Según List, otroingrediente adicional, específico, quees necesario para el pueblo que se decide a industrializarse, es la educación industrial, la cual debe implementarse progresivamente. Quizás basándose en esta concepción, es que Bunge pone de relieve la propuesta de la implementación de la escuela técnica, y critica encendidamente a la educación enciclopedista.

Sin embargo, la educación industrial no se agota en la educación formal, sino que se generaliza a toda la sociedad y se realiza a través del fomento de un cúmulo de hábitos y valores que han de incorporarse progresivamente a la cultura de la nación como una verdadera praxis. Pareciera que ambos autores se ven en el deber precisamente de poner en marcha esa educación económica abarcadora, comenzando por la clase dirigente.

Por otra parte, coadyuvan también fuertemente a la industrialización, el desarrollo de las vías de comunicación, especialmente de la marina mercante y de los ferrocarriles. De estos últimos,List se ocupará en varias publicaciones hechas en Francia y luego desde la fundación de un periódico destinado a la difusión de esa temática.

A Bunge tampoco escaparán estos factores, anticipándose a lo que serían consignas medulares del peronismo. Especialmente en relación a los ferrocarriles, dedica la obraFerrocarriles argentinos, publicada en 1918.

Por último, cabe hacer párrafo aparte para la referencia al obrero, lo cual es un gran mérito en ambos autores en sus respectivos contextos históricos. En List, porque, novedosamente para la época, le otorga al obrero un rol como ciudadano y como consumidor, que según él no debe ser menospreciado. En esa inteligencia sostiene:

(…) si se mide el trabajo del obrero en las comarcas en que se alimenta y viste como el rico y en aquellas otras donde se contenta con alimentos y vestidos groseros, se encuentra que, en las primeras, el aumento de los goces del obrero, lejos de perjudicar a la prosperidad general, ha aumentado las fuerzas productivas de la sociedad (List, 1955, p. 249).

Bunge abogará también por las condiciones de los obreros, aconsejando su organización. Siendo un adolecente había hecho trabajos sociales para una asociación de obreros. Lo preocupaba principalmente la vivienda precaria de los obreros bonaerenses. Es gráfica esta aserción al respecto:

(…) ¡Cuántas desdichas! ¡Cuánta miseria física! ¡Cuánto sufrimiento moral! ¡cuánta relajación de las costumbres! ¿Cómo se podría leer, estudiar, meditar en las horas de reposo, en aquel hacinamiento? ¡Cuánto sufriría la vida de familia! ¡cómo se reducirían las satisfacciones del hogar…! (Bunge, 1984, p. 379).

Pero no sólo la vivienda lo preocupaba respecto del obrero, tras proponer una batería de acciones para la construcción de viviendas sociales, dice:

En resumen, la proposición de esos beneficios, además de vivienda y tierra, se completaría con asistencia médica y hospitalaria y medicamentos a las familias numerosas, asignaciones en dinero a partir del quinto o sexto hijo, y beneficios de orden educacional y de tarifas de servicios públicos (Bunge, 1984, p. 408).

Hay entonces en ambos autores, pese a la enorme diferencia de épocas, una idea de que el bienestar social no es una variable que deba ser soslayada o externa a la economía política, sino que es un factor constitutivo del desarrollo de toda una nación y de un determinado modelo de sociedad, cuya sostenibilidad productiva se retroalimenta en ese bienestar de sus ciudadanos.

Expansión comercial británica y sistema aduanero

Tanto List, como posteriormente Bunge, tratan de plantear,de alguna manera,la necesidad de una acción contra-expansiva frente al poderío comercial británico.

Sagazmente ironizaList: que: “La amistad de Britania es como el amor de Júpiter: a quien abraza lo consume con su fuego” (List, 1955, p. XVIII). En su indagación histórica, demuestra que a pesar de las ideas imperantes de Adam Smith, los británicos han hecho exactamente lo contrario a esa teoría, por lo cual sospecha que ese autor funciona en realidadcomo lo que modernamente llamaríamos un “operador”. Así, los ingleses en realidad se guiarían por la siguiente máxima:

Hay que encubrir la verdadera política de Inglaterra con los argumentos y alegatos de carácter cosmopolita formulados por Adam Smith, para así impedir que pueda ser imitada por las naciones extranjeras (List, 1955, p. 297).5

En consecuencia, a través de la doctrinaeconómica clásica se desalentaría que germinara la idea de industrialización en otros países, fuera de Gran Bretaña. En la práctica histórica concreta, por el contrario, List advierte quelos ingleses no sólo han protegido sus manufacturas, sino que han ido más lejos poniendo barreras a los productos agrícolas de aquellos países agricultores que los proveían. Ironiza, en concordancia con esta conclusión:

(…) Vender objetos fabricados y comprar materias primas ha ocupado en Inglaterra durante siglos el lugar de toda una teoría. Esto no es cierto, sin embargo, más que en parte, puesto que esta máxima no ha ahorrado a Inglaterra la falta grave de prohibir en diversas épocas la importación de trigo y otros productos agrícolas (List, 1955, p. XXXII).

También Bunge advierte este fenómeno, casi un siglo después. En el momento histórico en que escribe, analiza que Gran Bretaña durante la Primera Guerra Mundial comienza una política proteccionista, trata de proveerse de materias primas de sus propios dominios. Esto perjudica letalmente el comercio exterior argentino y desequilibra crónicamente su balanza de pagos. Ello equivale para el autor a un verdadero bloqueo comercial:

Empezaron esos años a sentirse los efectos del bloqueo del comercio exterior, lo cual aconsejaba evitar importaciones de artículos fácilmente sustituibles por el similar nacional, por una parte, y los graves desniveles de precio entre los que el comprador único pagaba por nuestros productos y los que regían en el mercado internacional (Bunge, 1984, p. 245).

Paradójicamente, ese comportamiento comercial por parte de una potencia industrial en tiempos de guerra, puede encender la iniciativa manufacturera en la nación agricultora. Ello ya había sido abordado por Friedrich List un siglo antes, al decir:

Cuando una nación agrícola restringida así por la guerra en su producción y en su consumo tiene ya una población, una civilización y una agricultura suficientemente desarrolladas, la interrupción del comercio a causa de la guerra hace nacer manufacturas y fábricas (List, 1955, p. 158).

Sin embargo, añade:

Pero después que este pueblo ha hecho ya grandes progresos en la carrera de las manufacturas que la guerra le abrió, si la paz se restablece y las dos naciones quieren reanudar sus antiguas relaciones, entonces ambas se dan cuenta de que la guerra ha hecho nacer nuevos intereses, que al volver a entablar los cambios anteriores se arruinarán por completo. El pueblo agricultor reconoce que, para volver a abrir el mercado exterior para sus productos agrícolas, tendría que sacrificar la industria manufacturera que ha surgido en la nación en el intervalo; la nación manufacturera comprende que una parte de la producción agrícola que se ha desarrollado en ella durante la guerra será aniquilada por la libre importación. Ambas tratan, pues, de proteger estos intereses mediante derechos de entrada. Tal es la historia de la política comercial durante los últimos cincuenta años (List, 1955, p.159).

Y remata sentenciando: Una guerra que facilita el paso del régimen agrícola al régimen agrícola y manufacturero es, por tanto, una bendición para el país”(List, 1955, p. 159).

Razonamiento más que semejante, es el que hace Bunge justamente en la post guerra, al proponer la profundización de la diversificación manufacturera que naturalmente se había dado durante el conflicto, debido a las restricciones al comercio impuestas por Gran Bretaña.Bunge asemeja esto a un verdadero bloqueo británico,pero al mismo tiempo ve esta situación como una gran oportunidad de declarar la independencia económica argentina.Tal es su convicción, que llega a asemejar esta situación con el momento de la declaración de la independencia política del país en el siglo anterior.

La independencia nacional, estará dada por la industria, también porque hace que el país deje de perjudicarse por las decisiones económicas de las potencias industriales extranjeras, pues nada ejerce una influencia más perturbadora que las fluctuaciones de la demanda extranjera.En apoyo a ello, podemos evocar las siguientes palabras de Alejandro Bunge:

Del mismo modo que a principios del siglo pasado una conmoción internacional fue el punto de arranque de nuestra independencia política, la guerra de principios de este siglo, cuyos efectos económicos aún perduran, ha resultado el punto de partida de otra liberación. La que habrá de independizarnos de aquellas grandes naciones con cuya experiencia y capital habíamos asociado nuestro patrimonio geográfico,en la forma en que se vinculan los satélites a los astros cuando se mueven en sus órbitas y reciben su luz.

Los efectos internacionales de los nuevos eclipses económicos de las grandes potencias, nos alcanzaron, felizmente, en momentos propicios. Estábamos ya terminando de pagar los errores de una dirección pastoril prolongada una generación más allá del final de su importante cometido, y los simultáneos errores demagógicos (Bunge, 1984, p. 268).

Por último, Listhace una observación importante en lo que respecta al comercio exterior, que es muy fácilmente comprobable en la Argentina del siglo XX, y consiste en que los países agrícolas que no se protegen ante la expansión comercial de las potencias manufactureras (como la inglesa) terminan por financiar los saldos negativos de su balanza comercial con créditos otorgados precisamente por los bancos de dichas potencias, lo cual lleva a estos países agrícolas a convertirse en deudores permanentes.

En la época en que escribe Bunge, dicha tesis era ampliamente comprobable si se analizan sus estadísticas comparadas sobre los países sudamericanos, algunos de los cuales ya habían caído en cesación de pagos. Hasta ese entonces nuestro país, según el ingeniero argentino, no había llegado aún a niveles de deuda pública preocupantes, pero en las décadas posteriores al peronismo, sobre todo a partir de mediados de los 70, la tesis listiana parecería cobrar veracidad hasta nuestros días.

El establecimiento de sistemas aduaneros es para List una consecuencia natural de la intención de los pueblos de procurarse el desarrollo económico alentando el desarrollo de sus propias manufacturas. Sin embargo, no es visto por el autor como una solución dogmática, sino que es un instrumento que debe cumplir inteligentemente su cometido. Deja de ser legítima su implementación si entorpece el desarrollo de la nación o atenta abierta e irracionalmente contra la tendencia natural y superior de la humanidad de dirigirse hacia una gran confederación de estados.

Es decir, que un sistema protector no debe entenderse como sinónimo de sistema prohibitivo. El segundo sólo se justifica en ocasiones extremas como una guerra.Así, List ponía reparos como el siguiente:

Las fábricas y las manufacturas son plantas que crecen lentamente, y una protección aduanera que altere súbitamente las relaciones comerciales existentes perjudica al país en cuyo interés se establece. Los derechos deben elevarse a medida que los capitales, la habilidad industrial y el espíritu de empresa aumentan en el país o los recibe del extranjero, a medida que la nación se capacita para transformar las materias primas que antes exportaba (List, 1955, p. 254).

Por otra parte, a medida que un país avanza en su grado de industrialización debe ir disminuyendolas medidas protectoras. De ahí es que Listconsidera que Inglaterra, al encontrarse en el más alto grado de industrialización y comercio, ya no precisa de este tipo de medidas, sino que se beneficia de la mayor libertad posible de cambios. Y en esto List encuentra, como mencionamos, en parte la explicación de que sus economistas más ilustres sean librecambistas.

A lo que apuntamos con estas explicaciones, es a que vemos descartado a priori que por el hecho de que List escribiera un siglo antes que Bunge, aquél fomentara un sistema industrial basado en el aislamiento o en un proteccionismo extremo. Por el contrario, vemos que List plantea, con la misma racionalidad y prudencia con que lo hará Bunge, un sistema inteligente de protección de la producción nacional, con arreglo a las circunstancias, situación y características del país, a los efectos deque impulse efectivamenteel desarrollo económico.

Sin embargo, podemos puntualizar aquí una diferencia entre ambos autores. Mientras List no concebía como necesaria la protección del sector agrícola y hasta la veía como contraproducente, Bunge en el cuadro de situación argentino de entreguerras, y acaso influido parcialmente por las ideas de SimonPatten, considera adecuada una protección moderada a ciertos productos agrícolas regionales, a los efectos de fomentar el crecimiento e integración de las provincias del interior y la diversificación del sector primario nacional (Lucchini, Blanco y Cerra, 2000). En esto último, Bunge avizora de alguna manera también el problema del monocultivo, al ver en su época la crisis producida por la baja de los precios internacionales de los granos.

Desde otro punto de vista, la protección de la producción a través de un sistema aduanero, puede funcionar también como instrumento de integración territorial interregional. En el imaginario de List, la unión aduanera beneficiaría la unificación económica de los estados alemanes, como maniobra contra-expansiva frente a la hegemonía comercial y marítima inglesa.

Se puede identificar la desaparición o la ruina del Zollverein con la de la nación alemana, pues sin la unidad comercial de las diferentes partes componentes de una nación no existe nacionalidad, o al menos ésta no puede ser sana y fuerte (List, 1955, XVII).

Mientras List abogaba por la eliminación de las barreras interiores y la unión aduanera entre las provincias germánicas, Bunge notaba que podía ser provechosa una unión aduanera sudamericana para poder comerciar con los países desarrollados negociando en bloque desde una magnitud geo-demográfica semejante.

La idea, esbozada por Bunge ya en 1909 (aunque insinuada mucho antes por Alberdi durante su exilio en Chile), consistía en la unión aduanera de Argentina, Chile, Bolivia, Uruguay y Paraguay, en la que se uniformarían las tarifas aduaneras de acuerdo con los derechos más altos en cualquiera de esos países para cada artículo, y las modificaciones futuras se adoptarían mediante una comisión permanente. Los productos en competencia entre uno o más de los signatarios tendrían una negociación especial pero se pactaría la progresiva disminución del arancel.

En relación a ello, Thoméy Audinoexplican:

Bunge consideró, tempranamente, que la Argentina debía integrarse hasta la unión aduanera con los países sudamericanos con el objetivo de constituir una unidad económica de gran poder y autonomía.

La posible concreción de una unión aduanera en Europa (propuesta por el gobierno alemán en 1926) y de un bloque similar en América del Norte lo llevó a realizar comparaciones entre diversos indicadores económicos. Los resultados obtenidos le permitieron concluir que la Unión Aduanera del Sur, incluyendo a Brasil, estaría entre las primeras del mundo.” (Audino y Thomé, 2007, p. 3).

Vemos entonces en Bunge una visión que podría identificarse con lo que muchos años después sería el Mercosur. De la misma manera, la visión de List no se agota en el corto plazo de la unión alemana sino que, conocedor de la magnitud de la potencia en ascenso que era Estados Unidos, se atreve a sugerir que en un futuro la propia Inglaterra se verá en la necesidad de integrarse con Francia y con Alemania:“(…) Gran Bretaña tendrá que buscar y encontrará en la hegemonía de las potencias europeas unidas protección, seguridad y prestigio contra el predominio de América y una compensación a su supremacía perdida” (List, 1955, p. 338). De esta manera, su visión se anticipa más de un siglo y medio a la creación de la Unión Europea.


Reflexiones finales

Se ha hecho un análisis de un núcleo de ideas fuerza que han sido planteadas por Friedrich List, y con las cuales ha sido influido Alejandro Ernesto Bunge, tras educarse en Alemania. Las mismas se ven plasmadas en muchas de sus consideraciones macroeconómicas y sociales sobre la Argentina. Por ello, nos atrevemos a afirmar que subyace en este último, una semejante cosmovisión social.

Asimismo, de los bloques temáticos expuestos cabe apuntar que:

1) List hace énfasis en el valor de la experiencia por sobre la “sabiduría libresca”, Bunge traducirá esa experiencia en números y se manifestará en contra de la educación enciclopedista.

2) Ambos le hablan directamente a la elite para que rectifique el camino, sin pretender desalojarla del poder. Instan a que la aristocracia tradicionalterrateniente construya alianza con la burguesía. La industrialización es inexorable para beneficio de ambas partes y de la nación. Asimismo, coinciden los dos autores en el modelo de la industrialización desde arriba, guiada por la iniciativa estratégica del estado. Esta idea se vería concretada en Alemania en su industrialización tardía de fines del siglo XIX. En la Argentina podríamos situar ese intento por primera vez en los gobiernos de Perón, si bien ya se habían tomado algunas medidas dispersas durante los años 30.

3) Los dos autorestoman como ejemplo histórico de industrialización al modelo de los Estados Unidos, en especial List, que inclusoalentó a ellomientras vivió allí al momento de su gestación.Bunge llegó a proponer que se convocaran empresas constructoras especialmente norteamericanaspara realizar las obras públicas de infraestructura que el país precisaba para sustentar su modernización.

4) Cabe señalar una diferencia de matiz metodológicoentre ambos autores. Mientras que List, como pionero de la escuela historicista alemana, basa teóricamente sus argumentos más en la historia comparadaque en las estadísticas (por entonces incipientes), Bunge lo hace con mayorénfasisen las tendencias probadas por sus recursos estadísticos (muchos de ellos producidos por oficinas públicas de estadística conducidas por él), por lo que se lo puede inscribir como uno de los iniciadores de la sociografía argentina y latinoamericana.

5) Otra diferencia que podemos señalar es en cuanto a su posición frente a los poderes políticos. De acuerdo al clima de época en que escribía Bunge, su fe en la ley y la institucionalidad no era tan enfática como en la posición de List, quien sufría en carne propia los abusos de la monarquía y veía la necesidad de cierto liberalismo político. En cambio, tal como da cuenta José Luis de Imaz, Bunge apoyaría el golpe militar del año 1930, incluso publicando en su Revista de Economía Argentina un artículo panfletario de Leopoldo Lugones, con quien mantenía amistad.

6) Bunge parece tratar de concretar aquello que List definiría como misión de la economía política, cual es la de llevar a cabo la educación económica de la nación y prepararla para entrar en la sociedad universal del porvenir.

7) Pese a tener List afinidad con el protestantismo y Bunge con el catolicismo, los une cierto núcleo de valores cristianos, que hace que impugnen desde una cierta perspectiva humanista al mercantilismo materialista liberal. Resulta gráfica la siguiente expresión deList, que nos invita a una profunda reflexión:

La noción de mundo indica algo intelectual y vivo, aun cuando se aluda la vida o la inteligencia animal. Pero ¿quién podría hablar, por ejemplo, de un mundo mineral? Quitad el espíritu, y lo que se llama riqueza no será más que una materia muerta (List, 1955, p. XXXVII).

Cada uno en su época, estos autores fueron reflejo de una manera de pensar la sociedaden relación con la economía. Aunque no del todo comprendidos en su tiempo, su cosmovisión habría de ser recuperada póstumamente;a instancias de sus respectivos discípulos.

Ya hemos hecho notar en la Introducción la importancia que adquirió el aporte de List en el desarrollo de la escuela histórica alemana y las políticas de Bismarck tras la unificación territorial germana en el llamado Segundo Reich.

En lo que respecta a Alejandro Bunge, fue muy importante la continuidad de sus lineamientos realizada por uno de sus discípulos, Raúl Prebish, ideas a las cuales daría jerarquía internacional en su labor en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).6 Asimismo, dejando de lado el dato de color de que el por entonces Coronel Juan D. Perón da jerarquía de Secretaría al Departamento Nacional del Trabajo, se observa la impronta de los planteos de Bunge en la agenda del Primer Plan Quinquenal Peronista (1947-1951) (González Bollo, 2012).

 

Notas

1 The free-traders contend that trade based upon the relative advantages of different nations is always valuable and leads to the national prosperity of both nations. A protectionist would discourage these exchanges and encourage home production, thinking that national prosperity can be realized only by the best use of all national resources coupled with the fullest development of the industrial qualities of the people (la traducciónes nuestra).

2 La traducción es nuestra. El título original es “Outlines of American PoliticalEconomy”.

3 En este tipo de planteo subyace una tensión más amplia, que es la tensión que se daba en Alemania entre los hijos ilustrados de la burguesía, por un lado, y por el otro, la nobleza terrateniente “afrancesada” (ver Elías, 1993, p.82).

4 En cuanto a la cuestión poblacional, List está discutiendo con Thomas Malthus, quien sugería que debía restringirse el crecimiento poblacional para equipararlo con las subsistencias disponibles (Ob. Cit., p. 119).

5 La cursiva pertenece al autor.

6 Sobre la obra de Raúl Prebish, resultan interesantes las reflexiones de Juan Carlos de Pablo (2006) en “Prebish, a 20 años de su muerte”. Disponible en: http://www.ucema.edu.ar/publicaciones/download/documentos/327.pdf

 

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