Cuestiones de Sociología, núm. 34, e221, agosto 2026 - enero 2027. ISSN 2346-8904Notas de investigación
“Algo suprapolítico”: catolicismo, política e identidades en las organizaciones de la economía popular en la Argentina reciente
Resumen: Este trabajo analiza la incorporación de elementos del universo simbólico católico al discurso, identidad y repertorio de movilización de la Confederación de los Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) durante el período 2011-2019. Se expone cómo ese proceso implicó una apropiación activa y disputada del lenguaje religioso, con tensiones internas que atravesaron a sus militancias. La mediación organizacional puso en juego la fe popular en su proceso reivindicativo y organizacional, pero excediendo lógicas utilitarias, expresando y cristalizando la vivencia popular de la fe y la política. Frente a un escenario de incógnitas en torno al futuro de la politicidad popular, el artículo propone la experiencia de la CTEP como un espejo en el que reconocer la capacidad creativa y la vitalidad simbólica de estos actores en la Argentina contemporánea.
Palabras clave: Identidad, Organizaciones Populares, Catolicismo, CTEP, Religión.
“Something Suprapolitical": Catholicism, politics and identities in popular economy organizations in recent Argentina
Abstract: This paper analyzes the incorporation of elements from the Catholic symbolic universe into the discourse, identity, and mobilization repertoire of the Confederation of Workers of the Popular Economy (CTEP) during the period 2011–2019. It examines how this process involved an active and contested appropriation of religious language, marked by internal tensions running through its membership. Organizational mediation brought popular faith into play within the union's advocacy and organizational processes, while exceeding purely utilitarian logics — expressing and crystallizing the popular experience of faith and politics. Against a backdrop of uncertainty surrounding the future of popular politicity, the article proposes the CTEP's experience as a mirror in which to recognize the creative capacity and symbolic vitality of these actors in contemporary Argentina.
Keywords: Identity, Popular Organizations, Catholicism, CTEP, Religion.
Introducción
En la Argentina mileísta, el campo organizacional popular afronta la adversidad socioeconómica, la persecución gubernamental y, a duras penas, el sostenimiento comunitario de la vida, pero también respira impotencia. La impotencia del desborde social, del sálvese quien pueda, de la avanzada neoliberal. Resuenan las interpretaciones sobre el agotamiento de las organizaciones ante la sequía de recursos estatales, de los males de las intermediaciones sociales, de la falta de imaginación política, del fin de su historia. Ante este escenario derrotista considero relevante traer la experiencia de la Confederación de los Trabajadores de la Economía Popular (CTEP)1, como prisma para observar, aunque en otro contexto, la capacidad creativa y dinámica de estos actores del mundo popular. En esta ocasión para analizar las dinámicas identitarias a partir de la incorporación de elementos del universo simbólico católico a su discurso y repertorio de movilización.
El encuentro entre el catolicismo y la politicidad popular no puede pensarse de manera aislada o ahistórica. La formación de cuadros políticos y el trabajo territorial en los ’70 - guiados por interpretaciones postconciliares que promovían la inmersión en las clases populares-, el acompañamiento eclesial de experiencias de tomas de tierras en los ‘80 y ‘90 (Manzano,2004; Giménez Beliveau, 2007), la participación de obispos en los conflictos sociales de aquellas décadas y el involucramiento en el desarrollo de los Movimientos de Trabajadores Desocupados (Mallimaci, 2015; Pinedo, 2021), son sólo algunos antecedentes de esa estrecha articulación, de una memoria colectiva que se revitaliza en nuevos contextos socio-políticos.
Este artículo se propone exponer algunas dimensiones de dicho proceso, donde la mediación organizacional pone en juego la potencialidad política del lenguaje religioso y sus implicancias internas, a partir de diversos testimonios de dirigentes y militantes obtenidos durante el trabajo de campo2. La relevancia de los dirigentes en la construcción identitaria de los movimientos sociales ha sido ampliamente señalada (Della Porta y Diani, 2011; Fillieule y Tartakowsky, 2015; Schuttenberg, 2014), y en el caso particular de la CTEP, se ha destacado su gravitación en la emergencia de la dimensión religiosa (Carbonelli y Giménez Beliveau, 2015; Bruno, 2017). Sin desconocer el riesgo de lecturas monolíticas u homogeneizantes que estas voces pueden propiciar (Pinedo y D’Amico, 2009), entendemos que tanto dirigentes como militantes cumplen un rol central en dicha construcción: los primeros como articuladores de un relato oficial y los segundos en la apropiación activa de procesos que los atraviesan y los exceden, expresando así los diálogos entre los marcos macro-identitarios y las experiencias militantes concretas.
Así, esta experiencia permite reflexionar, no sólo sobre los repertorios de estos actores y de lo que ocurre en su interior frente a estas derivas identitarias, sino también en las imbricaciones entre política, fe popular, identidades y estrategias políticas.
Catolicismo en el discurso, identidad y movilización de la CTEP
En julio de 2022, el periodista Carlos Pagni señalaba que las organizaciones de la economía popular —entre ellas la UTEP, surgida de la fusión CTEP con otros movimientos— habían desarrollado una identidad política que escapaba a las clasificaciones partidarias tradicionales:
...fijate las manifestaciones de esta semana…en nombre de Alberto enfrentan a Alberto y que además empiezan a coquetear con otra legitimidad, son los Cayetanos… ¿Qué? ¿Es la Iglesia entonces? ¿No es el peronismo más? No, no. Es algo suprapolítico, es casi Bergoglio. (El Método Rebord,17/7/2022, 52m32s)
Ese "algo suprapolítico" que Pagni intentaba categorizar era, precisamente, la incorporación de la dimensión religiosa al trabajo político-identitario de estas organizaciones, denominadas "cayetanas" al calor de las marchas al santuario del patrono del pan y el trabajo. Ese proceso, para la CTEP, había iniciado varios años atrás en el marco de una reconfiguración identitaria signada por dos acontecimientos centrales: la asunción del papa Francisco en 2013 y la primera marcha de San Cayetano en 2016.
La llegada de Bergoglio al Vaticano movilizó referencias religiosas en la política argentina y fortaleció afinidades entre catolicismos y movimientos populares latinoamericanos (Mallimaci y Esquivel, 2014; Carbonelli, 2023). Para la CTEP, aunque cada organización, dirigente e integrante lo recibió de manera diversa, el papa argentino constituyó una dislocación que precipitó ese proceso de reconfiguración.
La centralidad que adoptaron en el discurso papal las referencias al capitalismo de exclusión, la cultura del descarte, la agenda de Tierra, Techo y Trabajo y la reivindicación de la economía popular y sus procesos organizativos, oficiaron de puntos nodales en la construcción de un puente discursivo con la Confederación; entendiendo a esta categoría como la cristalización de un proceso de (re)interpretación y articulación de elementos significados y significantes que habilita la identificación entre actores sociales (Schuttenberg, 2014).
Lejos de tratarse de una especie de cooptación, ese puente expresaba el encuentro con una agenda que las organizaciones ya venían trabajando: "el sentido de las palabras de Francisco tenía que ver con las discusiones que nosotros teníamos, solo que no las leíamos desde el prisma de la religiosidad" (Referente CTEP CABA, 9/2/2023). La CTEP se reconocía como parte activa en ese diálogo, matizando lecturas que lo redujeran a una iniciativa unilateral del papa hacia los movimientos.
La amplitud del puente discursivo construido en torno a lecturas compartidas permitía que organizaciones de diversas matrices político-ideológicas reconocieran en el papa un aliado estratégico para la visibilización de sus agendas a escala global y nacional. En ese marco, la CTEP —que cursaba sus primeros años de vida buscando organizar y representar a la economía popular— encontró en Francisco ese liderazgo ante la ausencia de dirigencias nacionales dispuestas a embanderarse en su causa. A su vez, este acercamiento oficiaba de un nuevo punto de encuentro con sectores de la Iglesia Católica local con los cuales estos actores del mundo popular ya compartían preocupaciones sociales comunes y articulaciones en distintos territorios y momentos históricos (Manzano 2004; Giménez Beliveau, 2007; Mallimaci, 2015; Pinedo, 2021; González, 2025).
Esta coyuntura propició la emergencia, en la superficie discursiva de la Confederación, de referencias religiosas católicas que excedían la adscripción a Francisco y contribuyeron a delinear un perfil cristiano de la CTEP (Carbonelli y Giménez Beliveau, 2015; Tóffoli, 2017) que se expresaba en comunicados, documentos, actividades, así como en la participación en festividades religiosas. El mayor punto de visibilidad de este proceso estaría en lo que identificamos como segundo acontecimiento, la marcha de San Cayetano, desde el santuario de Liniers a Plaza de Mayo, realizada el 7 de agosto de 2016, y convocada por la CTEP, la CCC y Barrios de Pie. La relevancia del evento estimularía su repetición en los años siguientes, llevando sus distintas demandas sectoriales, principalmente a través de proyectos de ley (González, 2023). El escenario ya era otro, la CTEP apostaba a su consolidación pública durante la presidencia de Mauricio Macri, buscando ubicarse como un interlocutor central para la política social de un gobierno no afín pero predispuesto a la negociación.
Pero la referencia con San Cayetano también tendrá otras repercusiones para la CTEP. En primer lugar, a partir de esa fecha, el tridente convocante pasaría a ser llamado públicamente como los Cayetanos o triunvirato cayetano. Sin perder otro tipo de identificaciones, como las de “movimientos sociales” u “organizaciones piqueteras”, sumaban una nueva denominación a partir de su herramienta de lucha, en semejanza a lo acontecido con otros actores organizativos del mundo popular, como el caso de los Movimientos de Trabajadores Desocupados y el piquete en los años ‘90 (Schuster, 2005).
En segundo lugar, el evento permitía a estos actores inscribirse en memoria colectivas y tradiciones políticas previas. La elección de San Cayetano no era una ocurrencia profética; invocaban al santo (católico y popular) del trabajo quienes luchaban por el reconocimiento de su actividad como tal. A su vez, la referencia recuperaba las movilizaciones al santuario de los años '80 convocadas por la CGT y sectores de la Iglesia en resistencia a la dictadura cívico-militar (Carbonelli y Giménez Beliveau, 2021; Pinedo, 2021). Así, desde una festividad católica popular, reivindicaban la lucha por el trabajo, se enmarcaban en una tradición sindical por la que esperaban ser reconocidos y apelaban a la memoria de la Iglesia Católica, procurando interpelar a instituciones en las que se respaldaría para visibilizar su lucha y abrir canales de diálogo con el gobierno.
Por último, signados por huellas católicas presentes en la política argentina y en el Estado argentino (Mallimaci y Esquivel, 2014), según los testimonios, el peso simbólico del evento contribuía a la construcción de legitimidades e interpelaciones:
(…) tiene una recepción distinta, porque no es lo mismo cuando vos marchás por la calle con la Virgen, con San Cayetano, con el Gauchito Gil… hasta cuando te enfrentás con la policía. La Policía Federal tiene en su escudo la Virgen de Luján, entonces vos te les parás enfrente con la Virgen y eso te presenta de otra forma. (Dirigente Movimiento Evita, 2/3/2019)
Esta simbología católica en el lenguaje de protesta era interpretada como un aporte al entendimiento con otros actores, en este caso, con las fuerzas de seguridad, como un elemento disuasorio de la violencia. Según algunos entrevistados, movilizar bajo el amparo de un santo se diferenciaba de otras instancias de intervención pública como el piquete, el corte de calle o ruta -recurso legado de su tradición piquetera (Trujillo, Tóffoli, Retamozo, 2022)- en la construcción de legitimidad y en la neutralización de estigmas ligados a sus métodos de lucha.
Frente a posibles señalamientos del carácter neutralizador de la capacidad revolucionaria o de resistencia, encontramos que las festividades religiosas pueden ubicarse como un espacio potenciador de la acción colectiva y la visibilización de reclamos (Giménez Beliveau y Carbonelli, 2017; de la Torre, 2022), más aún cuando los actores convocantes adoptan un rol activo en la interpretación y construcción de sentidos en torno al evento:
¿Va a solucionar el problema del trabajo ir a San Cayetano? No, va a cohesionar a distintas organizaciones, distintas fuerzas para ir a pedirle trabajo a quien hay que ir a pedirle trabajo, en este caso es el Estado. (Referente MTE, 31/1/2019).
En ese razonamiento, la religiosidad en sí misma no consolidaba la acción colectiva, sino que la mediación organizativa la constituía en un aporte gravitante en el proceso más amplio de construcción político-reivindicativa. Convocaban a encauzar esa fe hacia la lucha política, del santuario a la plaza, del santo al poder ejecutivo.
En términos generales, ubicándose en un lugar nodal, la jerarquización de elementos católicos le permitían a la CTEP entrar en diálogo con memorias, actores y representaciones en diversos contextos político-sociales. Este proceso conllevó tensiones internas y apropiaciones disímiles, evidenciando las derivas del correlato entre el discurso nacional y las experiencias concretas de sus militantes.
El correlato y las derivas militantes
Entre las múltiples vivencias personales y colectivas podemos destacar algunas que exhiben las derivas del proceso identitario ya descripto. En primer lugar, podemos señalar el caso de Diego, autodefinido marxista y pastor evangélico pentecostal integrante de la CTEP, que ilustra las repercusiones del acercamiento a Francisco. Del rechazo inicial a la apropiación de su figura, exponiendo diversos aspectos que excedían la adscripción religiosa:
Cuando asumió, y luego de escucharlo, de leer sus encíclicas, sus sermones, el llamado a un encuentro con los movimientos populares, mi mirada e interpretación fue cambiando paulatinamente, pero seguía sosteniendo que el papa creía que "los pobres y los trabajadores son de la iglesia" y que por eso los disputaba. El contacto con el Gringo Castro me sirvió para mirarlo desde otro lugar, más amigable hasta finalmente entender que es el cuadro político más importante de este siglo y que su discurso político era, y es, el más revolucionario que podemos escuchar y leer. Cuando el papa visitó Chile, fui parte de la delegación de los movimientos populares que viajó para verlo y escucharlo. Una experiencia hermosa, donde pude valorar la espiritualidad popular de los trabajadores (Diego, Pastor Evangélico, integrante de la CTEP,14/1/ 2025).
El primer análisis respondía a una extendida postura que encontraba en la elección del papa latinoamericano una estrategia de cooptación y debilitamiento de los movimientos populares. La sintonía discursiva no era suficiente para eludir la sospecha inicial, la mutación paulatina era mediada por la interacción con pares y líderes de la organización, y la participación en instancias que aportaban nuevas claves para interpretar el fenómeno del papa argentino.
Otro caso relevante es el de los feminismos populares presentes en la CTEP. Si bien esta no se presentaba como un espacio feminista, muchas organizaciones que la integraban sí lo hacían, y debido a su base fuertemente feminizada, sus discusiones tendían a articular con la agenda del movimiento (Bruno, 2020). De ahí que, atendiendo a las tensiones entre feminismos e institucionalidad religiosa (Di Marco, 2010), valiera preguntarse por la experiencia de estas militantes en el acercamiento al sumo pontífice:
Fue bastante conflictivo. (…) Yo ahora tengo la claridad de que son necesarias las dos cosas: el papa y el feminismo, pero en ese momento hasta incluso se planteaba como una cuestión de disciplinamiento: “bueno, ahora nuestra doctrina es esta, la del papa”. (…) Yo creo que estaban quienes probablemente eran católicos y creían eso, y estaban quienes utilizaban eso porque le tenían un miedo terrible al avance del feminismo…En un montón de cosas que dice el papa lo re banco porque hoy es el único que plantea claridad respecto a valores fundamentales. Cuando todo es un quilombo te plantea cuestiones muy básicas respecto a la vida, la solidaridad y a mí me parece que eso está bien. Ahora, si está en contra del aborto…aun así no lo voy a cancelar por eso, porque me parece que en un montón de cosas sirve, lo que sirva de esto usémoslo y lo que no, no… (Militante del Frente de Mujeres del Movimiento Evita, 31/1/2023)
En el testimonio emergen dos facetas del mismo proceso. Por un lado, la interpretación de una iniciativa disciplinadora en la apropiación de Francisco como tabique para contener la avanzada feminista dentro de las organizaciones. Por otro lado, la apropiación selectiva de su discurso, desde la contradicción, distinguiendo facetas diversas de la autoridad vaticana: las limitaciones en materia de derechos sexuales y reproductivos y su rol legitimante del sistema patriarcal, y la crítica al capitalismo de exclusión y los elementos que constituían el puente discursivo con Francisco.
Para pensar estas experiencias retomamos lo que Quirós (2011) llamó “el engancharse”: procesos multidimensionales y longitudinales de transformación subjetiva en marcos colectivos. En este caso, el discurso del papa argentino, el intercambio entre pares y el rol de los referentes de la organización, constituyen elementos que llevan a que gradualmente estos militantes, sin involucrar una conversión religiosa ni adscripción total, se enganchen con Francisco.
En otro orden, la aparición de ese universo simbólico religioso en el discurso organizacional, expresa la voluntad de movilizar sentidos mediante la reivindicación del pensamiento de Francisco, pero también del cristianismo en el marco de la historia de lucha social. Como señalan Grabois y Pérsico (2015) en los cuadernillos de formación de la organización:
El Reino de los Cielos es la forma en que la Biblia llama a ese estado de justicia, paz y hermandad que debería reinar entre los hombres después de la vuelta de Jesús. Esto no quiere decir que debamos quedarnos de brazos cruzados hasta que eso suceda: Dios nos convoca a empezar a construir esta justicia aquí y ahora”. (p.13)
Una retórica que, desde ese universo simbólico cristiano, convocaba a la acción política y que era identificada por algunos militantes: “Nosotros vamos formándonos, sobre todo en ese momento con Juan (Grabois) que era el secretario de Formación de la CTEP…y uno se va formando con los conceptos de Francisco (…) y uno se siente representado por eso.” (Militante MTE, 23/12/2023).
Elementos que buscaban aportar a la cosmovisión de la organización y sus militantes, al fortalecimiento de principios básicos de conducta y de un proyecto de país:
Estos son los valores que tenemos que tener en la política: la austeridad, la simpleza, siempre estar con el pueblo, de no creértela, y de vivir como y con el pueblo…somos profetas de estos valores. No estamos en la política para hacer negocios, estamos en la política para transformar la realidad, …y en esta vocación, el espíritu o la fe, es fundamental para luchar contra el dios dinero. (Referente Misioneros de Francisco, 5/1/2023)
Esos valores religiosos eran pensados como un estímulo a, y como sentido de, la participación; como sustento moral de un ethos militante distintivo, atravesado por deberes, comportamientos, maneras de pensar la política y de sentirse parte de un proceso organizativo (Carbonelli y Giménez Beliveau, 2021).
Lo mismo ocurría con la marcha de San Cayetano: la mixtura político religiosa en el marco de la protesta callejera, daba rienda suelta a nuevas maneras de experimentar la práctica política, donde la expresión de devociones y creencias se desarrollaban a la par del reclamo por derechos laborales, sin discriminar culto profesado. Algo que explicitaba Diego:
Lo que nos ayudó fue plantear la fecha como una jornada vinculada a la espiritualidad y que era una bendición ecuménica, para bendecir a esa columna enorme de compañeros y compañeras, era bendecir las herramientas de trabajo, era bendecir la producción popular…Eso nos ayudó a que el compañero evangélico no sienta que está traicionando a su fe…(…) Ya para la segunda marcha yo planteaba: ‘nosotros no tenemos símbolos como un San Cayetano o un gaucho gil o una virgen, pero tenemos elementos que son partes de nuestra fe, por ejemplo, la Biblia’, y vos veías un montón de compañeros caminando con su Biblia en la mano, bajo el brazo. No era lo que preponderaba, pero te dabas cuenta que terminaba siendo una jornada donde la fe y la lucha tenían un punto en común. (Diego, pastor evangélico, integrante CTEP, 11/01/2023)
Este caso expresaba, más allá de las limitaciones señaladas, las virtudes de los actores pentecostales para dialogar y sintetizar elementos nodales de otros credos, hasta con los cuales compite, y que, en parte, fundamentan su dinamismo y expansión en el campo religioso (Semán, 2021).
En paralelo, y aunque no hablemos de un proceso masivo, militantes de diversas organizaciones atravesaron una apertura hacia la fe, no necesariamente en términos de adscripción sino de apertura a nuevas sensibilidades en torno a ella, a la comprensión de los fenómenos religiosos y sus interacciones con la política:
Me pasó en este proceso de sí sentir una espiritualidad que no había tenido nunca, pero no soy una persona creyente, no creo en Dios. Pero sí me fue atrayendo cierta espiritualidad de la Iglesia, en este proceso de encontrarme con el papa Francisco (…) O sea que eso me sensibilice a un punto más espiritual digamos…me invitan a una misa y me gusta... O la misa que se hace contra el hambre, la que hacía Francisco, las veces que he ido estuvo re lindo y es algo que te conmueve. (Militante MTE, 23/12/2023)
Este y otros testimonios expresan cómo las experiencias políticas interactúan con las experiencias religiosas en diálogo con sedimentos culturales de cada sociedad, de cada pueblo (Semán, 2021). Aquí, las narrativas y lenguajes políticos aportan a maneras de comprender lo sagrado (Semán, 2021,) pero también encontramos un acervo simbólico religioso que aporta a la construcción de la experiencia político-militante.
Más allá de estos casos de transformación y resignificación, vividos individual y colectivamente, el proceso identitario de la CTEP expresaba y sintetizaba aspectos presentes en el universo popular que la integraba: la práctica política, la organización del trabajo y la religiosidad como parte constitutiva de la cultura popular. Se buscaba articular facetas de la vida que frecuentemente corren por carriles separados, encarnando la vivencia popular que el secretario general de la CTEP condensaba en “el pueblo no separa la fe de la lucha, porque tampoco separa la fe de la vida” (Esteban “Gringo” Castro, Discurso en Plaza de Mayo, 7/8/2016). No eran sólo recursos simbólicos puestos a merced de una estrategia político-material, sino también la incierta (cuándo no vital) iniciativa de abrir otra ventana a las emociones en la práctica política, de unir las prácticas fragmentarias, de (re)ligar su fe a la política.
En este aspecto también es significativo destacar que, en esta emergencia de representaciones culturales y devocionales del mundo popular, la organización sí establecía un recorte de ese universo simbólico. Esta expresividad de un catolicismo popular se jerarquizaba sobre otros cultos y devociones sumamente extendidos como el mundo evangélico o determinados santos populares no reconocidos por la institucionalidad católica3. En este sentido, la referencia que interpelaba y expresaba las huellas católicas, podían oficiar de limitante para apropiación de otros universos religiosos.
Una iniciativa que cristalizaba múltiples fuentes: el contexto global abierto por la aparición de Francisco, los sedimentos del catolicismo y la fe popular en la cultura y en la política argentina, así como la capacidad de la organización de leer ese escenario y estimular esa mixtura político-religiosa ya existente, en un determinado contexto nacional. Un proceso expresivo e inevitablemente selectivo, que pone en diálogo la emergencia de cosmovisiones, necesidades y sentires, con la agencia organizativa de la politicidad popular.
Reflexiones finales
Estas páginas evidencian cómo el discurso político de la CTEP se vitalizó al abrir un nuevo registro en su lenguaje. Una incorporación de elementos propios del universo simbólico religioso, integrando fe y acción colectiva en una misma trama política. Allí se expone con claridad ese algo suprapolítico, que Pagni no termina de explicar pero que sintetiza una emergencia de una tradición dialógica entre catolicismo y politicidad popular. Y que, al menos en este caso, permitió a estos actores sobreponerse a limitaciones partidarias, reforzar articulaciones sociales, fortalecer la identidad propia y destacarse en el escenario político nacional. Sin ser una experiencia inédita, este caso expone con nitidez la capacidad de síntesis y creatividad que estos actores supieron desplegar en la Argentina reciente.
Un proceso que exhibe las derivas del correlato entre el discurso nacional -o procesos macro- y las experiencias militantes. Allí el catolicismo, el papa, los santos, operan como significantes en torno a los cuales se despliega una diversidad de representaciones en torno a la fe, la justicia, la desigualdad. Imaginarios que, desbordando las fronteras de la institucionalidad religiosa, habilitan apropiaciones en la acción organizativa y lucha política, nutren un sentido de pertenencia, motivan la participación y buscan modelar un particular ethos militante.
Frente a discursos miserabilistas que reducen estas organizaciones a la mera administración de recursos materiales para la subsistencia, este caso exhibe otros procesos que se gestan en su interior. Aquí la iniciativa identitaria atraviesa el tamiz militante y allí prolifera una multiplicidad de sentidos, ruidos que enriquecen, favorecen (y renuevan) el debate, manteniendo vivo al cuerpo social. Ese algo suprapolítico desbordó la superestructura discursiva para intervenir (o reconocerse) en la experiencia y cosmovisiones militantes.
No obstante, diversas aristas analíticas quedan pendientes y otras se abren al considerar el desarrollo posterior de este proceso. ¿Cómo experimentaron este proceso las bases, los trabajadores de cada organización, no necesariamente inscriptos en la identidad y proyecto de la misma, o donde la adscripción religiosa tiene una mayor jerarquía en sus cosmovisiones? ¿Cuánto se asemejan y cuánto distan de los procesos que atraviesan los militantes de las mismas organizaciones? Responder a estas preguntas permitiría tener una perspectiva completa y compleja sobre este proceso identitario.
En otro orden, ¿cuáles fueron las derivas de este proceso organizacional post-2019? ¿Qué continuidades o transformaciones trajo consigo? ¿Mantuvo esa vitalidad identitaria que identificamos en el período aquí analizado? En caso contrario, ¿cuáles fueron las particularidades de aquel escenario que permitieron ese proceso virtuoso?
Estas preguntas habilitan otras más generales y actuales, ¿qué diálogos con el mundo religioso pueden producir movimientos, interpelaciones y apropiaciones en ese campo organizacional popular? ¿De qué maneras y con qué universos religiosos se vinculan las organizaciones en sus procesos discursivo-identitarios como también en la práctica cotidiana organizativa?
En términos más amplios, cabe preguntarse, cómo estas organizaciones en la actualidad pueden conectar con los sentidos y experiencias de este momento histórico, dialogar con las diversas vivencias religiosas, las heterogéneas culturas del trabajo, las nuevas generaciones con disímiles demandas y maneras de vincularse y organizarse, y marcos culturales segmentados -o tal vez simplemente diferentes a los de un pasado reciente-; entre otros aspectos que configuran la vida social en el mundo popular a lo largo de estas últimas décadas y otros que emergen con el correr de la tercera década del siglo XXI. Sin embargo, frente a interpretaciones que dan por agotados a estos actores, cabe preguntarse: si durante el período analizado las organizaciones populares, escuchando las melodías de aquel escenario, desplegaron una capacidad de innovación y creatividad para sintetizar tradiciones, historias y proyectos colectivos, ¿por qué no podrían hacerlo de nuevo?
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Notas
Recepción: 01 marzo 2026
Aprobación: 01 abril 2026
Publicación: 01 agosto 2026